LA DEFENSA DE LA CORNISA

 

El pasado domingo 1 de marzo tuvo lugar una concentración en el Parque de la Cornisa organizada por la Asociación homónima que lleva ya un largo tiempo luchando por la defensa de ese parque (aproximadamente unos 10 años), y algunos de los miembros de Barrio de la Fuentecilla acudimos a ella.

Seguramente hay gente todavía que no sepa qué es lo que está pasando y los motivos por los cuales nos solidarizamos con esta protesta. Vamos a intentar explicarlo.

En el pleno del Ayuntamiento de Madrid celebrado el pasado día 27 de febrero se consumó algo que llevaba mucho tiempo gestándose: la destrucción definitiva de una parcela del patrimonio de la ciudad por medio de la construcción de lo que ha dado en llamarse la Ciudad de la Iglesia o en la terminología edilicia Plan Parcial de la Reforma Interior de la Cornisa del Río Manzanares, más conocido popularmente como Vaticano 2.

Por medio de este plan, mediante unas cesiones de terrenos y derechos entre el Ayuntamiento y el Arzobispado de Madrid, lo que se pretende es construir un amplio complejo de edificios religiosos que irían desde las Vistillas hasta las inmediaciones de San Francisco el Grande. En grandes cifras los edificios religiosos acabarían representando, aproximadamente, entre 28.600 y 30.200 m2,. A cambio de esto la ciudad recibiría una escuela infantil y un polideportivo que sumarían unos 6.200 m2.

En principio no se tendría nada que objetar a ello puesto que, aparentemente, goza de plena legalidad, pero la verdad es que hay muchas razones para estar en contra. La primera, esgrimida desde muchos foros de opinión y compartida tanto por políticos de la oposición como por destacados paisajistas y arquitectos, es que rompe la línea visual que ofrece la ciudad desde el otro lado del Manzanares, machaca el paisaje que ha sido representado muchas veces a lo largo de la historia de Madrid y que culmina con Goya. Es esta una vista magnífica que quedará tapada por los bloques eclesiales.

Como segundo argumento, para algunos tal vez menos importante, pero para los que luchamos por la pervivencia de los elementos históricos sí resulta trascendente, está la desaparición del trazado de la cerca de Felipe IV, de la cual hay algún trozo al aire y que podría recuperarse parcialmente, esto último por supuesto siempre y cuando se pusiese la voluntad de hacerlo. Además, en esta línea tenemos la desaparición de los restos del jardín de los Príncipes de Melito.

Pero bajo nuestro punto de vista, todavía hay más razones. Esta zona es en el plano arqueológico potencialmente muy rica y estas obras acabarían con las posibilidades de exploración e investigación. Sabemos que, probablemente, los defensores del proyecto argumenten que es precisamente la construcción de los edificios lo que permitiría poner al descubierto los restos que se pudiesen encontrar en el subsuelo, pero, desgraciadamente, tenemos que ser realistas y desconfiados. Cuando se acometen estas obras, cuando están en juego unas cantidades tan importantes de dinero, se tiende a eliminar los vestigios encontrados por la vía de restarles importancia o de, simplemente, eliminarlos, salvo que, como ya ha pasado en otras ocasiones, no se pueda porque el tema se les escape de las manos a los encargados de la edificación.

Además de todo esto, también existe un perjuicio ecológico cifrado en una pérdida considerable de arbolado (500 ejemplares) y de zona verde, o potencialmente verde.

Por todo ello es por lo que Barrio de la Fuentecilla se opone a esta obra. Se ha querido hacer ver, de forma claramente tendenciosa, que los que se enfrentan a este tema lo hacen contra el Arzobispado, que, dicho sea de paso, ya tiene prevista la bendición de los terrenos. No es así. El Ayuntamiento de Madrid tiene terreno suficiente en muchos puntos de la ciudad para cederlo a la Iglesia y no comprendemos por qué tiene que ser precisamente en esta zona. Sólo nos cabe una explicación: el precio del suelo, porque de otra forma no vemos el motivo de que una residencia de sacerdotes, la biblioteca de San Dámaso, etc., tengan, necesariamente, que estar ubicadas en las inmediaciones de San Francisco el Grande, y más cuando el seminario está infrautilizado. Para acabar tan sólo señalar que el hecho de que algo sea legal, sobre todo cuando se utiliza el mecanismo de la mayoría política, no implica que sea ético.

Esperamos que el proyecto no se lleve a cabo y que impere la cordura en el seno de la Corporación Municipal. Mientras tanto, apoyaremos todas las acciones que se lleven a cabo en contra de la construcción de este Vaticano 2.